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sindicatos franceses iniciaron este martes una huelga nacional para pedir un aumento de los salarios en un contexto de inflación en máximos de décadas y para plantear al presidente Emmanuel Macron uno de sus retos más duros desde su reelección en mayo.

La huelga, que afectará principalmente a sectores públicos como las escuelas y el transporte, es una extensión de la acción industrial que se ha prolongado durante semanas, interrumpiendo las principales refinerías de Francia y amenazando el suministro de las gasolineras.

Philippe Martínez, el secretario general de la Confederación General del Trabajo (CGT), que lidera la jornada de huelgas y manifestaciones señaló que quieren un aumento de 300 euros (295 dólares) del sueldo mínimo, hasta 2.000 euros (unos 1.969 dólares) brutos.

Martínez reprochó al Gobierno de Emmanuel Macron su actitud en contra de esa exigencia, que se podría haber materializado, a su parecer, con un mecanismo de revalorización automática de los salarios en una ley en favor del poder adquisitivo que se adoptó en julio.

Las organizaciones sindicales consideran que el derecho de huelga de los trabajadores está amenazado en Francia, después de que el Gobierno francés forzara hace unos días a varios trabajadores que bloqueaban los depósitos de combustibles a trabajar para tratar de paliar la escasez de carburante que sufre el país por las huelgas en las refinerías.

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