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«La aeronave quedó partida y el fuego avanzaba rápidamente. La gente había entrado en pánico», expresó para un medio informativo una sobreviviente del avión que cayo este martes en la ciudad de Durango.

Según el gobernador de Durango, José Rosas, el avión fue «repentinamente afectado por una ráfaga de viento que lo hizo descender bruscamente y tocar tierra con el ala izquierda, desprendiéndose los dos motores».

Como consecuencia el Embraer E190 «se proyectó fuera de la pista», arrastrándose 300 metros en un terreno desigual y lleno de maleza, según información oficial otorgada en conferencia de prensa.

En el avión iban «88 adultos, 9 menores, 2 infantes, 2 pilotos y 2 sobrecargos», informó Andrés Conesa, director general de Aeroméxico y aunque muchos sufrieron lesiones de diversos grados, todos sobrevivieron.

Según el gobernador del Estado, que la nave haya quedado en posición horizontal «facilitó la activación de toboganes y una evacuación oportuna de pasajeros antes de iniciase el incendio».

Pero Guillermo Galván, director editorial de Transponder 1200, un medio especializado en aviación, informó que para que se produjera el «milagro en Durango» tuvieron que juntarse tres factores:

El fuselaje de la aeronave se mantuvo en condiciones suficientemente buenas para que se pudiera evacuar y según la aerolínea, la aeronave había recibido mantenimiento en febrero de este año.

El segundo factor fue que la tripulación y los sobrecargos siguieron correctamente los procedimientos de emergencia y el tercero es que los pasajeros actuaron correctamente y evacuaron rápidamente, a pesar de los momentos de caos y pánico que vivieron.

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