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Los brasileños confirmaron su disgusto con la política tradicional y respaldaron combatir el crimen y la corrupción al otorgarle a Jair Bolsonaro, el candidato de extrema derecha, una amplia ventaja en la primera ronda de las elecciones presidenciales.

Bolsonaro sorprendió a la clase politica al dominar las elecciones presidenciales pese a su largo historial de comentarios ofensivos sobre las mujeres, la población afrodescendiente y la comunidad gay.

La victoria resultó particularmente notable porque Bolsonaro no cuenta con el respaldo de un partido importante e hizo su campaña con un presupuesto limitado, por lo que usó las redes sociales para construir una base de simpatizantes.

Mientras que Fernando Haddad, del Partido de los Trabajadores, también pasó a la segunda vuelta, debido a que quedó en un lejano segundo lugar en la votación; Bolsonaro quedó con poco menos del 47 por ciento de los votos, mientras que Haddad lo seguía con el 28 por ciento.

Para evitar una segunda vuelta, Bolsonaro necesitaba obtener al menos el 50 por ciento de los votos.

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