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Hace dos años que Juan Gabriel “El divo de Juarez” dejó de existir; tras su muerte, se vio envuelto en un halo de misterio, pero el cantante no puede descansar en paz: sus herederos continúan en disputa por su herencia.

Era domingo. El día estaba para no salir de casa y, de pronto, ¡se murió Juan Gabriel!, anunció asombrado Juan Pablo, uno de sus hijos; era la nota de ocho columnas, de toda la sección.

Juanga, el prolífico cantautor, había muerto. Televisa informó la primicia. ¿Dónde? Falleció en su residencia de Santa Mónica, California. Paro cardiaco, súbito.

El Divo recibirá un homenaje en la Plaza de Garibaldi, ahí donde se encuentra una estatua suya que él mismo develó hace algunos ayeres.

Un desfile de cantores interpretará sus grandes éxitos, que fueron muchos, se evocarán vida y obra del artista de Parácuaro, Michoacán, que hizo eco en la música popular de nuestro país y dejó un cúmulo de problemas entre sus herederos que pelean codo con codo, ambiciosos, la espléndida tajada.

La realidad ubica a Juan Gabriel en la otra vida, la vida eterna, mientras aquí en la tierra cantamos sus melodías en demostración de lo que fue su arte, su sensibilidad de artista, su talento y su calidad en los escenarios.

Era un showman, un hombre espectáculo, pues, en toda la extensión de la palabra, ¡Qué tipazo! Su vestuario, a veces tan excéntrico, o sobrio, folclórico; y su manera de actuar sobre el entarimado, del que alguna vez se cayó estrepitosamente y se levantó para seguir cantando: «!Queridaaaa!».

La gente, sus fans, que lo adoraban, lo siguen adorando; así de simple. Y todo México lo recuerda con admiración y cariño.

Juan Gabriel murió hace dos años y hoy lo recordamos, señorón, artista, estrella del espectáculo y padre de hijos enfrascados en una desgastante batalla legal por su herencia.

Con información de El Sol de México

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