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La historia que derivó en una masacre el dos de octubre empezó con una pelea de estudiantes en el centro de Ciudad de México.

El grupo antimotines de la policía capitalina, conocido como Cuerpo de Granaderos, intervino para calmar la pelea, pero lo hizo de manera brutal.

Decenas de jóvenes estudiantes y testigos de la pelea fueron golpeados y perseguidos hasta las escuelas donde buscaron refugio y también allí agredieron a alumnos y profesores que impartían clases en ese momento.

Un 27 de julio de 1968, estudiantes de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y del Instituto Politécnico Nacional (IPN) organizaron una marcha contra la violencia policial, caminata a la que se sumaron miembros del Partido Comunista Mexicano, sin embargo, fue reprimida por los granaderos.

A partir de ese momento empezó un movimiento estudiantil que en pocas semanas creció rápidamente: la UNAM, el Politécnico Nacional y otras universidades del país se declararon en huelga.

Las autoridades reportaron autobuses quemados y el estallido de artefactos explosivos; decenas de jóvenes fueron detenidos y en el Zócalo capitalino se desplegaron tanquetas y decenas de militares.

El Ejército ocupó las instalaciones de la UNAM y el IPN, pero no logró contener el movimiento agrupado en el Consejo Nacional de Huelga (CNH).

El movimiento fue contenido hasta la tarde del 2 de octubre, día en que se había convocado una nueva marcha de protesta que partiría de la Plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco.

Cientos de soldados rodearon el sitio y cuando los estudiantes anunciaban que se cancelaba la caminata para evitar violencia, inició una balacera contra la multitud.

Cincuenta años después, aún no está claro dónde empezaron los disparos. Tampoco se sabe realmente cuántas personas murieron o fueron heridas.

Pero el ataque se convirtió en un parteaguas en la historia del país y desde aquel 2 de octubre de 1968 México fue otro, social y políticamente distinto al del día anterior.

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